Hasta principios de 1918, las Universidades en la Argentina se regían por una ley dictada en 1884, la 1420, que impuso la democratización en la educación. En aquel entonces el país contaba con tres universidades nacionales (Córdoba, Buenos Aires y La Plata) y dos provinciales (Tucumán y Santa Fe), las cuales obedecían los dictados de dicha ley, un tanto arcaica y retrógrada, si se tienen en cuenta los cambios producidos en la sociedad.
Era inminente entonces, la necesidad de una transformación en la educación académica. A su vez, hubo tres acontecimientos que, en cierta medida, condicionaron el ambiente, en el que posteriormente, se desarrollaría la Reforma Universitaria: el primero fue la Primera Guerra Mundial que llevó a la caída de los regímenes absolutistas; el segundo hecho fue la Revolución Rusa de 1917; y el último, pero no menos importante, ascenso del gobierno radical, elegido en 1916 por el sistema de la Ley Sáenz Peña (de sufragio universal, secreto y obligatorio) que llevó al poder a Hipólito Yrigoyen. Sumado a esto, el constante avance tecnológico que brindaba asombrosos cambios en las comunicaciones y la permanente presencia de la Iglesia en las decisiones, hizo que los ánimos de los estudiantes se caldearan, porque además de lo mencionado más arriba, les llegó una ordenanza que establecía nuevas condiciones de asistencia a clase y la supresión del internado en el Hospital de Clínicas de Córdoba. Todo esto fue un combo que hizo que los estudiantes mostraran un gran descontento y comenzaran a realizar huelgas, manifestaciones y petitorios a Yrigoyen con el fin de intervenir la Universidad de Córdoba (lugar donde comenzó el movimiento reformista). Lo lograron, ya que el presidente de la Nación nombró al interventor José Nicolás Matienzo y comprobó las irregularidades, por lo que declara vacantes los puestos de rector y decanos. A pesar de la Ley de voto vigente, los estudiantes quedaron excluidos de la elección, y finalmente, Antonio Nores, el candidato impuesto por la Universidad es quien logra la mayoría absoluta sin proclamarse ganador.
Al fin, el sueño reformista y revolucionario de los estudiantes comenzaba a ver la luz, dejando atrás un sistema universitario de corte feudal. A partir esta reforma (que se expandió rápidamente por las demás universidades) se lograron muchas cosas: la docencia libre, las cátedras paralelas, los concursos públicos, la periodicidad de la cátedra y la extensión universitaria. Al mismo tiempo, las universidades dejaron de ser sólo para una elite y se democratizaron.
Pero, muy lejos quedaron, el grito del ’18, el Manifiesto Liminar, el espíritu reformista, los cambios sociales, el proceso de reforma. Ya es tiempo de un nuevo cambio, se necesita de nuevos estudiantes con ganas de gritar nuevamente y más fuerte: “Contamos con una vergüenza menos y una libertad más”, porque ya no se puede tolerar la inequidad y desigualdad en la producción de conocimientos, porque ya a 91 años de ese gran paso, se necesita dar otro, para no dar marcha atrás y así seguir avanzando, y demostrar que los estudiantes están intentando hacer el presente para un mejor futuro con la ciencia arraigada en la educación y con la construcción de un ciudadano pensante ante la nueva realidad que nos toca vivir.
http://es.wikipedia.org/wiki/Reforma_universitaria_%28Argentina%29
http://www.unc.edu.ar/reforma/manifiesto

